Buscando formas en el espacio entre las nubes, en el yeso liso de la pared de gotelé. Esperando a la tormenta mirando al suelo y oliendo a cielo mojado. Los topos vuelan bajo esta noche, ciegos de tanto estar en el aire; los pájaros corren a refugiarse bajo tierra ante la amenaza de su sombra.
El río arrastra mucha arena de playa que acaba compactada en forma de grandes rocas en las montañas. Mejor no emborracharse, puedes beber intentándolo.
¡Cállate! Las mujeres no lloran. Recuerda no olvidar esto. Qué bonito está el paseo marítimo con la noche iluminando a las farolas. Debería beber un poco más, no vaya a estar sano.
Canta más bajo que quiero oirte. Lo mejor de la lluvia es cuando hace buen tiempo; lo mejor del buen tiempo quedarse en casa calentito. Me voy a vestir para meterme en la cama.
Lo mejor de nuestra visita al museo fueron las visitas. El vaso está medio vaso. Me puse unos anillos grandes para que me pesase la mano, no vaya a ser que se me fuera volando.
Enciende la luz que no quiero verme. Sonríe, que estás más triste. El espacio es tan gigantesco que cabe en esta cajita. No se te olvide el sombrero, no vaya a ser que se te vuelen los pies.
Te mereces un aplauso, por haber hecho nada. Despacio, que llegamos antes. Lo mejor de que estés es que no puedo verte. Quien ríe el último, ríe solo. Se me gastó la mano de recoger todo lo que se me cae.
¿Por que se le dice a los gallinas que no tienen huevos si son los gallos quienes no los tienen?
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domingo, 29 de marzo de 2020
domingo, 22 de marzo de 2020
El valor de la dispersión como activo social.
La máquina no perdona. La herramienta y la pieza como unidad mínima de productividad en una cadena de montaje es traducida a seres humanos en cualquier sociedad que trate al individuo o al colectivo como una de estas unidades básicas. El fenotipo que puede presentar una persona respecto al sistema acorde es el del valor de la productividad por encima incluso de el de su salud. Un estándar repetido en gran cantidad de ocasiones. La máquina utilizará sus propias herramientas para asegurarse la permanencia de éste, porque en ello basa su subsistencia. Un núcleo familiar tradicional presenta este fenotipo multiplicado por tres: pareja e hijos. El círculo que generan los lazos no solo sentimentales si no sistemáticos obligan al individuo, parte de este círculo, a seguir alimentando la cadena. Los tiempos pueden cambiar pero las sociedades actúan de la misma forma bajo el yugo de casi cualquier estado político o cualquier época histórica. Muchas herramientas de las que el sistema hace uso son puramente emocionales. Construye un personaje con una serie de valores imposibles de conseguir y hace creer que es el estándar. Ahora, es el individuo el que quiere llegar a conseguir el objetivo que le ha sido propuesto, cayendo en diferentes trampas por el camino y volviéndose no solo esclavo del camino qué le ha sido propuesto (obligado) a recorrer, sino de sus propias emociones. La frustración, la envidia, la tristeza o el odio privan al individuo de la libertad necesaria para tomar decisiones fuera del camino. Una educación completa no es suficiente si las emociones provocadas por la lejanía de la meta impuesta no permiten percibir todas las opciones, y la frustración asociada a no ser el fin que el sistema plantéa, nos causará insatisfacción permanente. En conclusión, no seremos libres hasta que no podamos reconocer la amplitud del abanico emocional.
Una de estas metas es la contradicción del resto de emociones: la felicidad. Ésta palabra se convierte en peligrosa si nos referimos a ella como fin. Un individuo no puede ser feliz en un futuro, si no que se referirá a la felicidad en términos presentes o pasados. Es decir, querer se feliz es lo que seguramente impedirá serlo. Pero hay miles de metas: tener pareja, pagar la hipoteca, un buen coche, progresar en la empresa, ganar más dinero… y todas ellas nos plantean el camino de la productividad individual. Este es el aceite que engrasa la máquina. La productividad está directamente asociada con el triunfo que el individuo ansía conseguir, y por lo tanto ser más productivos indica que estaremos más cerca de ello. La máquina funciona a la perfección aunque sus piezas se gasten rápidamente. Por supuesto, al hablar de piezas no se tiene en cuenta que cada una de estas tiene una conciencia y está viva. El sistema luego crea servicios que cuidan y entretienen al individuo. ¿Por que se arregla lo que se alenta a estropear? La generación de ocio y cuidados también pone en funcionamiento el paradigma de la productividad.
Hemos llegado a un vértice en el que incluso el entretenimiento y el descanso están planteados como algo productivo. Hay individuos que tienen que decidir descansar. La salud pasa a un segundo plano y en el marco emocional, no se ven merecedores de estar sanos, de disfrutar, o incluso de no hacer absolutamente nada. Unos segundos de inactividad es un paso hacia atrás en el camino para alcanzar el premio de su propia realización y entonces, llega el arrepentimiento y la culpa que les expone un poco más y les hace más vulnerables a las herramientas utilizadas por el sistema para que sigan produciendo.
Creo interesante ver la dispersión mental como un elemento sanador en cualquier actividad. Obviamente, esto es completamente opuesto al valor de productividad pero, el sueño de ser más, como decía, es lo que nos enferma socialmente. Y es que cuando un grupo de individuos tiene un comportamiento similar al descrito anteriormente, nace la competitividad como elemento social, y no es un elemento unificador si no todo lo contrario. Una característica proclamada por el sistema como positiva, porque la competencia nos hace más productivos y otra vuelta de tuerca: más cerca del objetivo inalcanzable. Pero la competitividad nunca será positiva si rompe la misma base que define una sociedad: la cooperación entre todas sus partes. Dos individuos que luchan por estar más cerca de sus cenit imaginario no pueden cooperar, sino luchar. De esta forma creamos sociedades enfermas de envidias, miedos y engaños, con pequeñas muestras de solidaridad que dan un respiro, aun estando contenidas en todo el engranaje descrito.
La frase más antisistema que escuché desde hace mucho es: quiero ser una persona mediocre. La palabra mediocre, que es utilizada normalmente de modo peyorativo, adquiere aquí un sentido liberador al expresar el deseo de no formar parte de ese sueño de la excelencia y la productividad. El mensaje directo que llega a nuestras mentes es el contrario: las personas mediocres fracasan, pero fracaso no es una definición libre sino instaurada. El fracaso puede tener diferentes grados y no todos ellos vienen acompañados de una visión negativa. El ensimismamiento o la contemplación son un fracaso productivamente hablando que seguramente suma salud, simplemente por el hecho de tomar un descanso. Si optamos por hablar con las definiciones acuñadas genéricamente, el fracaso sería no ser competitivo, ergo, la lucha es un triunfo. Pero en la lucha solo puede ganar una parte, la otra fracasa. El conflicto moral es que, si quien no lucha fracasa y quien lucha y pierde fracasa, se reduce en número de ganadores y se incrementa el número de perdedores que luego desarrollarán las carencias emocionales que les hacen enfermar.
La pausa, el espacio en blanco, la dispersión, son herramientas que nos hacen menos productivos y mucho más felices.
lunes, 9 de octubre de 2017
Razonamientos de un madrileño no patriota que no desea la independencia de Cataluña.
Desde hace mucho tiempo, la independencia de Cataluña es el tema de mayor importancia en gran parte de los medios de comunicación de vertiente conservadora. Se recurría a él para crear debates y teñir las noticias de patriotismo y crítica a la desobediencia. Pero poco a poco, fue cobrando más importancia entre todos los medios y estratos sociales y, algo que era mayormente un juego político dio el salto a la ciudadanía. Ahora ya no eran cuatro independentistas y unos políticos molestos, si no una una fiebre que se extendió rápido por toda la comunidad. A los partidos políticos catalanes esto les vino como anillo al dedo. No se si fue el despertar de nuevas conciencias con ansias de libertad, sentimientos reales de independencia, moda, odio hacia el gobierno central, o independentistas que estaban callados y dejaron de estarlo, pero de repente el apoyo se cuadriplicó. Lo primero que me resulta curioso es el corte reaccionario que tienen casi todos los partidos independentistas catalanes frente a una ciudadanía cercana a la izquierda en mayor o menor medida. A los partidos políticos esto les dio igual, el caso es que ahora tenían las escusas suficientes como para seguir avanzando hacia el referendum.
El 1 de octubre, tras una semana más sin diálogo y la mudanza de la mitad de las fuerzas de seguridad nacionales a Cataluña, ocurrió lo peor que podía ocurrir. El gobierno central, el PP, Mariano Rajoy y sus secuaces, todos ellos, apoyados por C's y algunos cargos del PSOE, dieron la orden de impedir el voto a los ciudadanos. Y en muchos casos, se utilizó la violencia. La imagen de un policía golpeando a una señora que quiere ejercer el derecho a la democracia dio la vuelta al mundo. Los partidos catalanes se debieron frotar las manos, ahora tenían el apoyo de muchas miradas internacionales y de muchísima gente no independentista. ¡Nadie apoyará la violencia! Además, el recuento daría un sí, obviamente, ya que solo los independentistas había ido a votar.
Parece que se torció un poco la historia, y la reacción que al menos, estoy viviendo en Madrid está lejos de eso. La situación que vivimos ahora mismo no es el resultado de las acciones de habitantes de un sitio y de otro, o de sentimientos enfrentados, si no de clases. La clase política es la que ha causado el desorden. Esta clase política, con sus oscuros intereses, no ha sabido dialogar, no ha sabido ejercer, y no ha estado a la altura de los problemas que se presentaban. Ha olvidado para que está donde está y porqué siguen ahí. Citando las palabras de Ada Colau, la política necesita menos testosterona, y no puedo estar más de acuerdo. El comportamiento inmaduro que lleva ejerciendo el gobierno central todo este tiempo debería ser suficiente como para crear una respuesta popular lo suficientemente fuerte como para que sufran las consecuencias, y paguen por sus pecados contra el pueblo. Pero a cambio de eso, Madrid se ha llenado de banderas de España. Un desconocido hasta ahora, al menos por mi, sentimiento patriótico ha llenado las calles y ha premiado la negligencia, de la misma forma que los ciudadanos catalanes premiaron en muchas ocasiones a un gobiernos que les llevaban en un barco sin timón. De repente, lejos de una respuesta de cambio y revolución, muchas de las personas a las que oí decir "yo paso de la política, para mi son todos iguales" hablan del tema con un odio visceral hacia Cataluña provocado por los políticos catalanes y aumentado por las conductas del PP.
Utilizan un argumento principal: quieren romper la unidad de España. Para ello, supongo que cuenta con que antes de esto, España estaba unida. Falacias, España nunca ha estado unida. Demasiados años de franquismo, demasiadas heridas aun sin cerrar de la guerra civil. Todos aquellos que niegan la memoria histórica y que "quieren dejar de remover el barro", ahora hablan de unidad aunque su actitud sea justamente la que separa las dos Españas que llevan existiendo desde a saber cuando, y ahora, una de esas mitades tiene excusa para salir a la calle con sus rojigualdas. Se ha oído el cara al sol y se ha visto el saludo fascista en manifestaciones de apoyo "a la unidad española". Recuerdo entonces un argumento que han utilizado contra mi en muchas ocasiones; la bandera española - me dicen- no es la franquista, solo es la representación de tu país y no deberías avergorzarte de ella. En estas manifestaciones esa misma bandera se está cargando de una clara vertiente política y no precisamente por mi culpa, (por no hablar de la convivencia junto a la bandera franquista). Además, ¿porque banderas españolas? ¿La bandera contraria a La Estelada no debería ser la catalana normal? Parece que alguien tenía ganas de desempolvar las banderas del chino que se compraron para el mundial...
Se ha confundido la política con un partido de futbol, en el que un equipo gana, y otro pierde. En las elecciones, los equipos son los partidos políticos, y esta vez, es Cataluña contra el resto de España. Pero volviendo a los de antes, ¿nos hemos olvidado que en Cataluña hay gente no independentista y que fuera de ella, hay mucha gente que apoya la independencia? ¿Esta gente también juega al futbol?
Yo personalmente, no quiero que Cataluña sea un estado independiente, no me parece momento para añadir fronteras, pero, cualquier acto en el que una mayoría ciudadana se haga oir, no puede ser ignorado por los dirigentes y mucho menos impedido. El referendum no era más que eso, conocer la opinión. Un gobierno central un poquito avispado habría dejado que se celebrara; sin política, solo un "me gustaría independizarme o no". Y tras conocer los deseos del pueblo, se actúa en consecuencia. Ahora, no sabes si fue un sí o un no, solo tenemos dos partes de los ciudadanos enfrentados. Claro, que presiento que la unidad de los pueblos nunca fueron los deseos de la clase política de ningún lado. Son los políticos los que han potenciado esta separación. Cualquier acto de animadversión entre los dos sectores será un triunfo tanto para los partidos independentistas como para el central.
Hay otro argumento que he oído por parte de los que defienden la unidad: deberíamos dejar que se independicen y que se pudran, ya vendrán luego pidiendo. No se siquiera si quiero comentar esto, pero es la contradicción en estado puro. Es odio, caspa en cantidades industriales. La hipocresía de los que premian al gobierno con patriotismo barato.
Como conclusión personal, los juegos políticos han pasado a ser parte del pueblo hasta un punto en el que el propio pueblo se está enfrentando. Se les ha ido de las manos, y creo que esta situación es suficiente como para pedir un cambio real. Deberíamos olvidarnos ahora mismo de nacionalismos e independentismos para expulsar a los dirigentes corruptos, a los políticos que no velan por sus ciudadanos. Y cuando el cambio sea efectivo, podremos volver a hablar de territorios y fronteras. De momento, está demostrado que no saber hablar por nosotros, así que hagámonos oir, unamos fuerzas, e intentemos que la política no sea el centro de nuestra vida, si no que nuestras vidas sean las que dicten como tiene que ser la política. Sin crear diferencias que no existen.
miércoles, 30 de abril de 2014
Araña
Cada vez uso menos este blog. Tal vez por tiempo, o tal vez porque no tengo temas que tratar públicamente, pero cuando es justamente hablar por las redes el motivo para ser juzgado, me veo obligado a formar parte de ello.
Es de la operación Araña de la que me refiero.
Un montón de insultos y menciones a las víctimas de ETA han sido el desencadenante de que varias personas fueran detenidas y acusadas de exaltación del terrorismo. Desde luego, palabras muy reprochables acordes con una forma de pensar de la que no quiero formar parte. Pero es de justicia "objetiva" de lo que hablamos, no de juicios de valor.
Y de tanto tener ese velo tapándole los ojos, esta justicia se ha quedado ciega, y sorda, y muda. Parece no tener voz ni voto en esta época de libertad de expresión en 140 caracteres en las que unas palabras groseras son suficientes para acusar a unos jóvenes de utilizar sus móviles y ordenadores apoyando a algo que para sus jueces sigue vivo. Parece ser que el problema no es exaltar la violencia, es ser vasco. La derecha sigue necesitando de ETA con todos los prejuicios que incluye para asegurarse su razón. Si tienen algo que reprochar, o algo les preocupa, la banda es el camino perfecto para asegurarse el éxito, así que, si son ellos los que llevan mucho tiempo callados, es la derecha quien se aseguran de que siga viva. Una herencia de prejuicios es lo que necesitan para seguir reabriendo un debate que se debería haber cerrado hace tiempo. Me pregunto si cualquiera de los valientes organizadores de la operación Araña ha pisado un solo trozo de tierra de la bella Euskal Herria, o tienen tanto miedo que no ponen un pie ahí por si sus temores son correctos. ¿Tan convencidos están de ello?.
Veo como los medios fascistas hablan del horror de aquellas palabras olvidando todas las que ellos han dicho, todas esas acusaciones que públicamente, por medio de sus cadenas de televisión, radios y periódicos, regalaban a cualquier persona que hablaba fuera de su área de confort. Es más, después de la cesión de ETA, es la derecha la que sigue jactándose de las muertes y haciendo política, los mismos que dicen que la memoria histórica es remover la mierda. De igualdad hablamos.
Aguantaremos los insultos hacia Miguel Angel Blanco en un Tweet con cierta vergüenza, nada de lo que me sienta orgulloso, pero cuando llaman públicamente asesinos a todo un colectivo que no lo es (como cualquier grupo de jóvenes que se manifiesta por lo que sea sin portar banderas de España), lo único que nos queda es escandalizarnos y aumentar el nivel de rabia e impotencia, no mandar policia a sus casas. Perdón, ellos son el poder, claro.
Espero que lleguéis tan "alto" como Carrero Blanco, y ahora venid aquí a detenerme (por cierto, señora justicia, soy madrileño, lo siento).
Es de la operación Araña de la que me refiero.
Un montón de insultos y menciones a las víctimas de ETA han sido el desencadenante de que varias personas fueran detenidas y acusadas de exaltación del terrorismo. Desde luego, palabras muy reprochables acordes con una forma de pensar de la que no quiero formar parte. Pero es de justicia "objetiva" de lo que hablamos, no de juicios de valor.
Y de tanto tener ese velo tapándole los ojos, esta justicia se ha quedado ciega, y sorda, y muda. Parece no tener voz ni voto en esta época de libertad de expresión en 140 caracteres en las que unas palabras groseras son suficientes para acusar a unos jóvenes de utilizar sus móviles y ordenadores apoyando a algo que para sus jueces sigue vivo. Parece ser que el problema no es exaltar la violencia, es ser vasco. La derecha sigue necesitando de ETA con todos los prejuicios que incluye para asegurarse su razón. Si tienen algo que reprochar, o algo les preocupa, la banda es el camino perfecto para asegurarse el éxito, así que, si son ellos los que llevan mucho tiempo callados, es la derecha quien se aseguran de que siga viva. Una herencia de prejuicios es lo que necesitan para seguir reabriendo un debate que se debería haber cerrado hace tiempo. Me pregunto si cualquiera de los valientes organizadores de la operación Araña ha pisado un solo trozo de tierra de la bella Euskal Herria, o tienen tanto miedo que no ponen un pie ahí por si sus temores son correctos. ¿Tan convencidos están de ello?.
Veo como los medios fascistas hablan del horror de aquellas palabras olvidando todas las que ellos han dicho, todas esas acusaciones que públicamente, por medio de sus cadenas de televisión, radios y periódicos, regalaban a cualquier persona que hablaba fuera de su área de confort. Es más, después de la cesión de ETA, es la derecha la que sigue jactándose de las muertes y haciendo política, los mismos que dicen que la memoria histórica es remover la mierda. De igualdad hablamos.
Aguantaremos los insultos hacia Miguel Angel Blanco en un Tweet con cierta vergüenza, nada de lo que me sienta orgulloso, pero cuando llaman públicamente asesinos a todo un colectivo que no lo es (como cualquier grupo de jóvenes que se manifiesta por lo que sea sin portar banderas de España), lo único que nos queda es escandalizarnos y aumentar el nivel de rabia e impotencia, no mandar policia a sus casas. Perdón, ellos son el poder, claro.
Espero que lleguéis tan "alto" como Carrero Blanco, y ahora venid aquí a detenerme (por cierto, señora justicia, soy madrileño, lo siento).
martes, 26 de noviembre de 2013
Conceptos temporales
Entendemos por tiempo algo que corre en una sola dirección, hacia delante. Dividimos este tiempo en pasado, en presente y en futuro, y le damos un significado absoluto, sin margen de error. Tan cerrado, que se nos olvidan las verdaderas cuestiones que abordan dichos conceptos.
Nos pasamos todo el presente pensando que hacer en el futuro que, cuando llega, gastamos en recordar lo que fue en el pasado.
Futuro no significa "lo que va a suceder". Implica que no sucede. Implica que no podrá pasar porque hasta del hecho de volver a aspirar una bocanada de aire no es seguro. Miedo a lo que puede pasar, a lo que no puede pasar es el siguiente paso si entendemos como futuro aquello que aun no ha ocurrido...
No se puede vivir el futuro, es imposible. Las barreras de la física lo impiden por más que nos esforcemos.
Pasado si coincido que significa aquello que ocurrió, pero no desde una posición de lamento o arrepentimiento. El tiempo no se pierde, no se puede perder. Dentro de uno mismo existen miles de tejidos, órganos y células que no pierden el tiempo. Se puede entender que un espíritu no se ha enriquecido en un tiempo pasado pero, eso ha influido en alguna medida para encontrarse ahora siendo quien se es, y esto nos lleva al siguiente punto, el presente.
Presente es la vida, y es lo único que importa.
jueves, 24 de octubre de 2013
El método Wert
Vuelvo otra vez a la dudosa actualidad (digo dudosa porque tengo la sensación de que esto lo han vivido ya otros cada vez que cojo un libro de historia), para escribir una entrada de uno de los temas más indignantes que me entran por oídos y retina.
Manifestaciones y huelgas a favor de una calidad en la educación. Tras miles y miles de recortes, y de ajustes a un sistema educativo ya bastante pobre, solo quedan las brillantes mentes de muchos maestros, profesores y educadores para compensarlo. La gente se cansa y sale a la calle a protestar por ello. Quieren que sus hijos sean cultos, quieren que su trabajo sea estable, ellos mismos quieren participar de los beneficios de la educación, pero, Wert solo dice aquello que no queremos oír.
En una era en la que la información es tan accesible, la clase dominante le interesa "deseducar" a los más jóvenes. Si somos lo suficientemente cultos como para buscar la alternativa a este sistema injusto, los intereses de la clases más altas peligran. Por ello utilizan sus herramientas, la política y la democracia, y su arma, el miedo, para sacar unos cuantos ajustes que idioticen un poco más a la población más despierta. Wert, otra marioneta más, aprieta. España siempre ha sido un país fácil. Nos gusta mucho salir a que nos de el aire con camisetas verdes y somos los números uno a la hora de rimar eslóganes protesta pero, es de todos conocido que nuestra precaria educación nos ha docilizado y tras más protestas de las habituales, hay que dejar claro quien manda aquí. Y otra vez la España de pandereta grita tan alto que se cansa al poco, y su enrojecida garganta baja de volumen para acabar cantando las baladas de Manolo Escobar.
No sirve de nada quejarse o asustarse del fracaso escolar, ni envidiar a la educación finlandesa si somos los primeros que dejamos toda responsabilidad educativa a los profesores y maestros. Nos gusta decir que "todo está muy mal" mientras nos desentendemos de nuestros hijos cuando llegamos a cenar al restaurante y si tras horas y horas de televisión sueltan alguna palabrota y tienen señales de algún comportamiento violento.
CONTRA LA DES-EDUCACIÓN, EDUCACIÓN
Y aunque parezca que estoy defendiendo al señor Wert, nada más lejos de la realidad. Todo lo que ha dicho hasta la fecha ha sido en nombre de la banca, no de la educación. No quiere que España sea inteligente, quiere que seamos como él (imbeciles). Todo mi apoyo con las camisetas verdes, ojalá sus gritos duren tanto que a Wert le revienten las orejas de Gollum que tiene.
PD: Personalmente, me parecieron increíbles las clases gratuitas que se impartían en las calles. Profesores enseñando gratis. Alumnos aprendiendo sin pagar un duro al estado. Eso es lo que no quieren, y eso es lo que tenemos que hacer. Gracias a todas las mentes inteligentes y altruistas, no se que sería de este país sin vosotros.
miércoles, 9 de octubre de 2013
El muro
Llegó ante el muro. No sabía cuanto había andado, ya había perdido la cuenta. Por cuantos parajes había pasado y cuantos terrenos diferentes conocían sus roídos zapatos. Por fin, después de tanto tiempo, había llegado a ese lugar. Interminable pared de piedra que llegaba hasta donde su consciencia quisiera que llegase. No había puertas, ni ventanas, ni tramos más bajos por donde saltar, y de nada servía andar hacia alguno de sus extremos, no iba a encontrar forma de sortearlo.
Había llegado hasta aquí para esto? Para no poder seguir? Para no poder continuar ese camino que tanto le había costado crear con sus propias huellas? Un poco desesperado retrocedió sin dejar de mirarlo fijamente. Se rasco la cabeza, dio vueltas, lloró y echo las manos al cielo esperando a que algún dios le diera la solución. No encontró respuesta de nadie. Sintió miedo, desesperación e ira. Odió al constructor del muro. Acabo dormido, con la espalda en la hierba mojada.
Soñó, y se vio a si mismo construyendo ese muro, piedra sobre piedra durante todas las edades de su vida. En cada piedra tallaba el epitafio de una existencia inacabada. Entonces sintió odio hacia si mismo. Se dio miedo, se desesperó. Perdió la confianza que le había hecho llegar hasta ese lugar pues era falsa y se apoyaba en columnas de cartón, mucho más débiles que aquel muro de piedra. Fue entonces cuando el viento sopló un poco más fuerte transportando una risa desde el otro lado que, como un canto de ballena, se oía a kilómetros de distancia con toda su pureza. Lo aceptó. Aceptó quien había levantado el muro y sobre que estaba construido.
Un caracol le despertó mientras exploraba su frente. Abrió los ojos y se incorporó. El sol le dio en la cara. Amanecía por el Este, el lado del muro, ya no estaba.
Había llegado hasta aquí para esto? Para no poder seguir? Para no poder continuar ese camino que tanto le había costado crear con sus propias huellas? Un poco desesperado retrocedió sin dejar de mirarlo fijamente. Se rasco la cabeza, dio vueltas, lloró y echo las manos al cielo esperando a que algún dios le diera la solución. No encontró respuesta de nadie. Sintió miedo, desesperación e ira. Odió al constructor del muro. Acabo dormido, con la espalda en la hierba mojada.
Soñó, y se vio a si mismo construyendo ese muro, piedra sobre piedra durante todas las edades de su vida. En cada piedra tallaba el epitafio de una existencia inacabada. Entonces sintió odio hacia si mismo. Se dio miedo, se desesperó. Perdió la confianza que le había hecho llegar hasta ese lugar pues era falsa y se apoyaba en columnas de cartón, mucho más débiles que aquel muro de piedra. Fue entonces cuando el viento sopló un poco más fuerte transportando una risa desde el otro lado que, como un canto de ballena, se oía a kilómetros de distancia con toda su pureza. Lo aceptó. Aceptó quien había levantado el muro y sobre que estaba construido.
Un caracol le despertó mientras exploraba su frente. Abrió los ojos y se incorporó. El sol le dio en la cara. Amanecía por el Este, el lado del muro, ya no estaba.
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